
Ese fue el cierre de la excursión, que comenzó con una travesía en 4×4 en las dunas a toda velocidad. Desde el asiento trasero, filmó una procesión de camionetas, todas con las gomas algo desinfladas y choferes expertos en subidas y bajadas en la arena.
-Ese está loco -comentó su amigo salteño cuando vio que el de adelante se tiraba en picada.
-Este también -contestó Carlos cuando vio que lo imitaba el conductor de la 4×4 en la que viajaban.
«Está todo muy bien armado, te pasan a buscar por el hospedaje y te llevan desde Doha, será una hora de viaje. En mi caso, estoy en un departamento con dos salteños que me salvaron, me dejaron parar con ellos sin cobrarme nada. Son personas espectaculares», cuenta.«Lo de las 4×4 en las dunas es impresionante, ahora entiendo porque salió de acá el príncipe del Dakar. Tienen una cancha terrible y es como que respetan las rutas en la arena. Hay muchas camionetas al mismo tiempo. Suben y bajan a mucha velocidad. El chofer nuestro se tiró marcha atrás a todo lo que daba, no te cuento el susto», agrega. «Y las gomas, nada de recapadas», dice y se ríe.
Después, a orillas del mar en el Golfo Pérsico y propuso tirar la taba. Primero le ganó a uno de los anfitriones árabes y sintió el aliento de su amigo salteño.
-¡Aguante Chos Malal! -exclamó, aunque después le tocó perder con el gaucho del norte neuquino, todo entre risas y abrazos.
Lo último del día fue ver a los grandes jeeps que circulan en la arena y a los aeroplanos que vuelan con un pequeño motor. «Esos están más locos que todos», dice.
El viaje está terminando y no se le va la bronca por lo caras que están las entradas para la final en la reventa. «Más de 3.000 dólares, una locura, imposible. Hasta acá llegué en Qatar. Y fue hermoso vivirlo». dice y se despide para vivir las últimas horas en este mundo tan lejano, tan distintos, tan apasionante.
Fuente D.R.N.